La Paz, 2 de octubre de 2026 (DCOM-UMSA).- Estaba nervioso. Frente a él tenía un tribunal exigente; cerca estaban su familia y los docentes que años atrás ingresaban a la cárcel de San Pedro para impartirle clases. Cuando terminó la defensa y llegó la calificación de aprobación, también llegó la certeza de haber alcanzado una meta que comenzó a construir mientras estaba privado de libertad, concluir la Carrera de Sociología de la UMSA. Se trata del primer estudiante del programa de formación en recintos penitenciarios que llega hasta la titulación.
“Feliz”, responde cuando le preguntan cómo se siente. Pero inmediatamente recuerda a alguien que faltaba ese día. Su tesis fue dedicada a un hijo que falleció y a quien quiso llevar simbólicamente hasta ese momento. “Él no está acá, pero su nombre va a estar en la biblioteca, en mi tesis”, cuenta a tiempo de mencionar que comenzó el trabajo en 2025 y este año llegó finalmente ante el tribunal. No quiso que su nombre fuera difundido, pero sí que su experiencia pueda servir a quienes todavía estudian dentro de los recintos penitenciarios.
Su formación universitaria comenzó en San Pedro, como parte de una iniciativa de la Carrera de Sociología que lleva educación superior a las cárceles de La Paz. Allí los docentes de la UMSA ingresan a impartir materias y acompañar el proceso académico de personas recluidas. El programa tuvo una primera experiencia desde 2018 y posteriormente abrió una nueva etapa en 2025. Actualmente, cerca de 80 estudiantes cursan Sociología en seis recintos penitenciarios: San Pedro, Chonchocoro, Patacamaya, Qalahuma, Miraflores y Obrajes.
Para el nuevo profesional, estudiar Sociología dentro de la cárcel significó mucho más que avanzar materias. Dice que la carrera le permitió comprender la detención y los procesos penales no solamente desde las leyes, sino desde sus efectos sociales, y también enfrentar el estigma que suele acompañar a quien estuvo privado de libertad. Por eso espera que la experiencia continúe y reciba apoyo.
Detrás de ese resultado están también los docentes que durante años cruzaron las puertas de los recintos penitenciarios para dar clases. Él los recuerda con especial gratitud porque, señala, ingresar a una cárcel implica asumir condiciones y dificultades distintas a las de cualquier aula universitaria. El programa combina clases presenciales y virtuales, con docentes que rotan entre los seis recintos y adaptan materiales y metodologías a cada contexto.
Ahora que llegó al final, su mensaje está dirigido especialmente a quienes alguna vez comenzaron junto a él y todavía permanecen privados de libertad. “Nada sirve a medias”, dice. Los anima a terminar las materias, preparar sus tesis y llegar hasta la defensa. “A todos los que han empezado les digo que terminen de estudiar. Muchos siguen detenidos; que concluyan, que defiendan su tesis. Ese título va a ser un orgullo y no va a ser una pérdida de tiempo”.
Su defensa marca también un primer resultado para un programa que comenzó llevando aulas y docentes de la universidad hasta una cárcel. Hoy cerca de 80 estudiantes continúan ese camino desde seis recintos penitenciarios de La Paz. Algunos recién empiezan; otros avanzan semestre a semestre y hay quienes se acercan a sus propias tesis, menciona el director de Sociología, Eduardo Paz.




